Santiago 1: 13 Cuando alguien tenga una tentación, no diga que es tentado por Dios, pues a Dios no lo tienta la maldad ni tampoco él tienta a nadie. 14 Uno es tentado cuando se deja llevar por un mal deseo que lo atrae y lo seduce. 15 Luego, el deseo malo da a luz el pecado, y el pecado, una vez que ha crecido, conduce a la muerte (PDT)
Por supuesto que la tentación es una prueba moral, pero en sí, la tentación no es un pecado. El pecado se produce cuando no manejamos bien la tentación, y nos lleva a la acción.
Lo primero que debemos reconocer como cristianos, es que la tentación es una experiencia normal, y aunque deseamos hacer el bien, siempre seremos tentados. Cuando una tentación se convierte en acción, allí nace el pecado.
No hay nada inusual que un cristiano sea tentado, el problema subyace cuando no sabe cómo enfrentar la tentación.
Jesús fue tentado
En Mateo 4:1-11 leemos como Jesús fue llevado al desierto para ser tentado por el diablo, después de haber ayunado 40 días y 40 noches, y al tener hambre, vino satanás a tentarlo.
El diablo ofreció mucho para desviarlo de su propósito, pero el Señor se mantuvo firme y venció a través de las escrituras “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” vs 10.
Este pasaje nos enseña que todos nuestros esfuerzos humanos para vencer la tentación son débiles, debemos ser fuertes en la palabra, la oración, en el estudio, para que el espíritu santo nos ayude a resistir en medio de la tentación.
A medida que nosotros tenemos comunión con Dios, y nos enfocamos en su presencia, y en la meditación de su palabra, nuestros pensamientos serán renovados.
Nuestra mente es el primer campo que debemos llenar con la Palabra de Dios, porque es la manera en cómo podemos blindarnos ante la tentación.
Ahora bien, si somos débiles en la fe, no tenemos disciplinas espirituales, y llenamos nuestra mente de cosas como: redes sociales, música del momento, o nos dejamos llevar por esta nueva cultura, por supuesto que seremos bombardeados constantemente, e inevitablemente nos conduciremos a los deseos pecaminosos.
El mandamiento de Jesús para vencer la tentación fue muy claro. La biblia dice en Mateo 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.
Debemos dejar de pensar como el mundo (Romanos 12:2), debemos estar siempre orando, y velando, en comunión con el Padre, y en muchas ocasiones, debemos actuar de forma drástica para no darle paso al pecado.
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