Romanos 12:12 “Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración”.
Una de las virtudes más importantes de nuestra vida cristiana es la paciencia. Es un fruto del espíritu que nos enseña a esperar, sin dejarse llevar por la circunstancia, teniendo la certeza de que Dios está obrando.
Es la manera en cómo podemos soportar la prueba con una dosis de serenidad, y teniendo dominio propio a pesar de las circunstancias adversas. Este fruto por supuesto que solo crece y se desarrolla bajo la prueba.
La biblia alaba la paciencia como un fruto del espíritu, y al mismo tiempo nos muestra que la impaciencia es fruto de la insensatez. Comprendiendo esto, podemos decir que la única manera de desarrollar la paciencia en nuestras vidas, es teniendo comunión con el Padre y solo así podrá crecer en medio de la prueba.
No podemos confundir paciencia con estado de pasividad, porque más bien se relaciona con la permanencia. Revela muchas veces el estado o cimiento de nuestra fe, porque cuando somos impacientes, solo actuamos desde nuestra necedad.
La paciencia puede ser la forma en cómo soportamos la prueba, pero también es la manera en que nos mostramos perseverantes hacia una meta, o el cumplimiento de una promesa.
Si en algo nos ayuda la paciencia, es aprender a esperar en Dios. Cuando somos pacientes aun en medio de una promesa, o adversidad, estamos centrando nuestra mirada en el foco correcto.
Para aprender a desarrollar la paciencia en nuestras vidas, es clave que apliques lo siguiente:
– Ten una comunión ferviente con el Señor, deja que el Espíritu Santo te guíe.
– Aprende a ser agradecido en todo momento, regocíjate en la voluntad de Dios.
– Busca siempre su propósito y aunque haya cosas que no entiendas, cree lo que dice
Romanos 8:28 “Todas las cosas nos ayudan a bien”.
Desarrollar paciencia no es algo que podamos hacer de la noche a la mañana, es un fruto que va creciendo a medida que nos aferramos a las promesas del Señor, y aprendemos a esperar en él.
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