Los judíos y la Ley
17 Ahora bien, tú que llevas el nombre de judío, que dependes de la Ley y te jactas de tu relación con Dios; 18 que conoces su voluntad y sabes discernir lo que es mejor porque eres instruido por la Ley; 19 que estás convencido de ser guía de los ciegos y luz de los que están en la oscuridad, 20 instructor de los ignorantes, maestro de los sencillos, pues tienes en la Ley la esencia misma del conocimiento y de la verdad; 21 en fin, tú que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas contra el robo, ¿robas? 22 Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que aborreces a los ídolos, ¿robas de sus templos? 23 Tú que te jactas de la Ley, ¿deshonras a Dios quebrantando la Ley? 24 Así está escrito: «Por causa de ustedes se blasfema el nombre de Dios entre los no judíos».
25 La circuncisión tiene valor si observas la Ley; pero si la quebrantas, vienes a ser como un incircunciso. 26 Por lo tanto, si los no judíos cumplen los requisitos de la Ley, ¿no se les considerará como si estuvieran circuncidados? 27 El que no está físicamente circuncidado, pero obedece la Ley, te condenará a ti que, a pesar de tener el mandamiento escrito y la circuncisión, quebrantas la Ley.
28 Lo exterior no hace a nadie judío ni consiste la circuncisión en una señal en el cuerpo. 29 El verdadero judío lo es interiormente; y la circuncisión es la del corazón, la que realiza el Espíritu, no el mandamiento escrito. Al que es judío así, lo alaba Dios y no la gente.
🌿 Reflexión
Pablo advierte sobre el peligro de conocer la Palabra de Dios y enseñarla a otros sin permitir que primero transforme nuestra propia vida. La fe verdadera no se demuestra solo con palabras, títulos o prácticas externas, sino con un corazón renovado y una vida coherente.
Es fácil señalar lo que otros deberían cambiar, pero Dios nos invita primero a mirarnos por dentro. Antes de enseñar, corregir o juzgar, debemos preguntarnos si estamos viviendo aquello que creemos.
🙏 Oración
Señor, transforma mi corazón y ayúdame a vivir de acuerdo con tu Palabra. Que mi fe no sea solo de palabras o apariencias, sino que se refleje en mis decisiones y acciones. Dame humildad para corregir mis propios errores y vivir cada día de una manera que te agrade. Amén.
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