Siempre he creído que, como cristiano o como persona, uno debe unirse a gente que motive o impulse su crecimiento, personas que te ayuden a alimentar tu fe, a extender tu llamado y a tener buenos amigos que también velen por tu crecimiento.

Una persona débil de mente o emocionalmente inestable no puede unirse a alguien con un espíritu incorrecto, pues este buscará sepultarla.

Hace un tiempo vi cómo una persona se alejó de su congregación porque “no entendió algunas cosas”. Esta nunca se acercó a gente de fe o a personas de Dios que le explicaran; por el contrario, se unió a una persona conflictiva y murmuradora que alimentó muchísimo más su inestabilidad, lo que hizo que se apartara de la fe.

En todos lados vamos a encontrar personas incorrectas, esas que corren apresuradamente para hablar de otros, para juzgar, criticar, señalar y cuestionar; son las personas que debemos, de una u otra forma, evitar.

También puede que estés compartiendo tiempo con una persona envidiosa, que no tolera tus éxitos, que no acepta que te vaya bien y que sutilmente siempre critica todo de ti. ¿Qué haces unido a este tipo de personas?

No hay duda de que las personas con las que más nos relacionamos pueden determinar nuestra conducta. Por ejemplo, si pasas mucho tiempo con gente quejumbrosa, de los que critican, calumnian y hacen mal, terminarás repitiendo esta conducta, aunque no lo quieras.

Veamos un ejemplo bíblico de cómo las amistades o las relaciones pueden favorecernos hasta el punto de alcanzar un milagro del cielo. Dice la Biblia, en Lucas 5, a partir del versículo 17, que Jesús perdonó y liberó la vida de un hombre a causa de la fe de sus amigos.

17 Aconteció un día que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. 18 Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico procuraban llevarlo adentro y ponerlo delante de él. 19 Pero, no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado lo bajaron con el lecho, poniéndolo en medio, delante de Jesús. 20 Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.

Lo que más rescato de esta historia es que Jesús, al ver la fe de estos hombres, le dijo al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”.

Estamos hablando, en primer lugar, de una fe verdadera. Es decir, estos hombres genuinamente buscaban la salvación de su amigo, buscaban ayudarle; una fe verdadera que iba en contra de toda lógica y que, por amor a este hombre, los llevó a subir encima de la casa y bajarlo por el tejado con el lecho, poniéndolo en medio, delante de Jesús.

Su fe era tan única y genuina que fue lo que llevó al Maestro a hacer el milagro. Y es que no podemos negar que la verdadera fe siempre está direccionada por una acción.

Ahora bien, ¿cómo es el tipo de gente con la que te rodeas? ¿Constantemente están criticando o son personas con las que puedes hablar de sueños, planes y proyectos?

Si realmente te unes a gente correcta, la acción de su fe los llevará a orar por ti, a clamar e interceder por ti, a no desampararte en momentos oscuros, porque una persona cercana a Dios no buscará tu mal, sino que más bien te impulsará a conectarte con el Maestro.

Muchas veces, en las congregaciones, podemos unirnos a gente incorrecta, a pesar de que todos buscamos al mismo Dios. Gente que agrede al cuerpo con sus palabras y sus acciones; gente que todo lo critica y que no está de acuerdo con nada.

Siempre he dicho que quien es capaz de levantar su voz para murmurar o criticar a otros no puede ser una persona que ora o tiene comunión con Dios, porque Dios no puede manifestarse en un corazón siempre lleno de contienda.

Esto no solo puede pasar en una iglesia; también puede suceder en nuestros trabajos o en cualquier lugar donde compartamos con un círculo social.

Hay que estar apercibidos: vienen tiempos peligrosos

Soy de las personas que creen en el perdón y la misericordia, pero también he visto cómo existen personas que, diciendo “tener a Dios”, actúan con malicia, como aquellos que nunca han conocido al Padre.

No solo hablo de aquellos que son capaces de murmurar, sino también de aquellos que usan la fe para manipular y son incapaces de aceptar sus errores. Pablo le indicaba a Timoteo que debía cuidarse, y creo que en este tiempo nosotros también debemos cuidar nuestra vida para mantener una fe intacta.

2 de Timoteo 3:

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.

Cuando el apóstol Pablo le escribe a Timoteo y dice: “Porque habrá hombres”, está hablando de personas que afirman ser cristianos, pero cuyos hechos negarán la eficacia de su corazón.

Tales personas, como dice el apóstol Pablo, pueden caminar con apariencia de piedad, intentando demostrar amor a Dios, pero quedarán al descubierto por la condición incorrecta de su corazón.

Se aman más a sí mismos que al prójimo. Son vanidosos, soberbios, no aceptan la corrección, son desobedientes a los padres y a toda autoridad, ingratos, impíos, sin ningún tipo de afecto, calumniadores y crueles.

A este tipo de gente, dice el apóstol Pablo: ¡Evita!

Puede que algunos acepten su condición e intenten cambiar. Puede que la luz de Cristo los transforme, pero si no ves frutos de arrepentimiento, creo que lo mejor será evitarlos.

La modernidad que llega a las iglesias muchas veces nos hace olvidar la luz de Cristo y, entonces, nos hemos conformado con un cuerpo que no lee, no atiende y no escucha la Palabra de Dios; que se conforma con lo que un pastor predica, pero no tiene una verdadera vida de fe.

Entonces ya nos parece normal compartir con personas que no abandonan su vida pecaminosa y que, lo que puede llegar a ser peor, usan sus acciones para contaminar al resto del cuerpo.

¡Aléjate de ellos!