Versículo guía: Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos;
Jehová ama a los justos (Salmos 146:8).

Caerse, por supuesto que no es nada agradable, pero muchas veces es inevitable. La caída puede ser muy dolorosa; a veces viene a causa de nuestras malas decisiones, y fragmenta nuestra fe, nos hace perder la esperanza.
Cuando fallamos, cometemos el error de escondernos de Dios. Llegamos a pensar que Dios se ha alejado, o que hemos perdido su gracia.

Después que Adán y Eva fallan, su vergüenza fue tan grande que ellos se esconden. “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto… y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?” Génesis 3:8–9

Ahora más allá de enfrascarme en lo que hicieron ellos, me llama mucho la atención que Dios los buscó, el Señor no se fue del huerto. Su corazón de misericordia siempre estuvo presente.

Dios desea sostener aquellos que tropiezan, es imposible creer que nuestro Padre tiene un corazón condenador.
El problema es que cuando caemos nos encontramos en una lucha sin saber qué hacer. Somos expertos en auto condenarnos, y aceptamos todos los dardos de satanás, que nos llevan a vivir en vergüenza.

Ahora, lo más importante no es la caída, sino más bien cómo puedo levantarme. Sin realmente aprendí de los errores, y reconocí que debo seguir el camino de Dios.

Dios siempre llega con gracia, con misericordia, por eso ante cualquier error debemos correr hacia él. Debemos reconocer con humildad que hemos fallado, pero también aceptar que el Señor puede redimirnos.

Hay una promesa que no podemos olvidar, y es que Dios tiene la capacidad de restaurar lo perdido, y lo destrozado. Para que esto suceda, es necesario confiar, no puedes intentarlo con tu fuerza, debes aprender a descansar en Dios.

Aunque no conozcas con exactitud los planes que Dios tiene para ti, debes recordar que él tiene un plan para sanar, y restaurar, él es completamente bueno.

Oración: Señor Jesús, me presentó delante de ti con un corazón sincero. Tú eres quien tiene la capacidad de ayudarme, de restaurarme, de bendecirme. No quiero seguir caminando bajo mi propia prudencia, quiero que tu guíes mi camino, solo así no tropezaré jamás.