Señor, bajo tu mirada me dispongo a descansar. Tú conoces mis temores, mis luchas y mis deseos más profundos. No quiero dormir sin agradecerte por tu amor inmenso y tu paciencia infinita. Que mi alma se abandone en tus brazos como un niño confiado. Si mañana vuelvo a despertar, que sea para cumplir tu voluntad con alegría. Gracias por tu perdón y por tu gracia que me sostiene. Amén.